H2o³. Cátedra Arquitectura Sostenible / Taller H. Proyectos final de carrera

La serie H20 nace con la intención de dar difusión a los mejores proyectos Final de Carrera presentados en los últimos años en el Taller H de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAV.

Nuestro objetivo es dar a conocer el trabajo de estos jóvenes arquitectos, e incentivar a las futuras generaciones de estudiantes a trabajar arduamente en su Proyecto Final de Carrera, para figurar algún día en esta publicación.

Queremos aprovechar la ocasión para agradecer a todos los alumnos que han realizado su Proyecto Final de Carrera junto a nosotros, y animaros a seguir adelante en esa búsqueda constante que es el aprendizaje de la arquitectura.

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    Mediateca en Amsterdam. PFC 2006
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Sánchez Santos, Sofía
    MOVIMIENTOS CONTROLADOS. El Proyecto Fin de Carrera de Sofía Sánchez, que es un proyecto espléndido, es además y por cierto una buena prueba de las excelencias que normalmente provee el programa de movilidad estudiantil Erasmus y, más particularmente, con ocasión del PFC. Frente al mal menor de un puñado de estudiantes mediocres que lo utilizan para acortar aprendizaje y mermar responsabilidades, la mayoría, como este mismo proyecto demuestra, añade al conocimiento de un país y una lengua diferente una experiencia arquitectónica nueva, un punto de vista diferente y la aportación de sensibilidades pedagógicas y profesionales que unir a su aprendizaje en la Escuela de Valencia. De manera que este ¿barco varado¿ en las procelosas aguas todavía no ganadas al mar para construir una Mediateca en Ámsterdam ha permitido a su autora indagar en cuestiones que van desde lo urbanístico hasta lo constructivo, desde el lenguaje formal hasta la elección del material, desde las costumbres sociales al uso específico. Y podemos concluir que ha devenido un edificio muy holandés. Sé que no es ajeno al resultado final un asesoramiento sistemático, profundo y muy exigente de su tutora en Valencia, la profesora Marta Pérez, pero el espíritu del proyecto nació en la Escuela de Ámsterdam y está presente hasta su definitiva formalización. Es un proyecto complejo que persigue encontrar, y servir al usuario, espacios abundantes y de múltiples lecturas ¿aspecto que conviene siempre, no me canso de indicarlo, a la arquitectura y más aún a la arquitectura docente o cultural- que en el movimiento y en un discreto mecanicismo alcanzan su expresión más radical. Pero es, también, un proyecto claramente unitario ¿y si la multiplicidad citada conviene, la unidad se me antoja imprescindible- que confía a un mismo tratamiento final, a una volumetría contundente y a una sección muy poderosa, el discurso formal definitivo. Y si en él podemos apreciar una razonable influencia de la omnipresencia de OMA y de su líder Rem Koolhaas, no creo yo que el conocido Club de Golosov esté ausente. Un trabajo minucioso guía la reinterpretación del programa, esa ¿reprogramación¿ que suele ser la primera actividad del arquitecto en la asunción del programa funcional, a la vez que se compromete en la construcción sistemática de una maqueta de trabajo tan necesaria en la ejecución como en la comprobación de su propia eficacia, mientras se comporta como una operativa analogía para la futura edificación. Y son tan precisas las propuestas constructivas de detalle como la elección de los acabados, una y otras plasmadas en los dibujos de detalle y en las infografías y maquetas virtuales de los espacios pretendidos. Una exposición impecable, de la que ahora doy fe como Presidente del Tribunal que valoró su defensa, además de hacer explícito el dominio que Sofía ejerce sobre su proyecto, complementó con rigor una documentación ya muy completa y anunció premios y éxitos posteriores que hoy son una realidad y se recogen, para la satisfacción de sus profesores, en esta publicación. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Centro de Documentación Arquitectónica en Nazaret. PFC 2006
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Bruns-Banegas, Sergio; Departamento de Proyectos Arquitectónicos; Escuela Técnica Superior de Arquitectura
    EL ¿SENSORACIONALISMO¿ DE UN JOVEN ARQUITECTO. No puedo por menos que glosar este concepto que el lector verá comentado en las páginas que siguen y que componen esta primera publicación de la obra proyectada por este joven arquitecto que inaugura la serie de cuadernos concebidos para documentar y dejar constancia de los proyectos más brillantes que ha generado, y valorado, la docencia del Taller Hilberseimer, popularmente conocido en la Escuela de Valencia como ¿el H¿. No me extenderé aquí sobre otro concepto, el de diversidad, que sin duda alguna para mí, conviene y se compadece con la propia disciplina de la arquitectura y, más aún, con la arquitectura contemporánea, hasta llegar a ser, en este Taller H, una auténtica guía didáctica. Realmente no me extenderé en nada porque el Proyecto que Sergio Bruns ha concebido para resolver un Centro de Documentación Arquitectónica que, a la vez que soluciona el uso del que toma nombre, ponga en valor un amplio ¿y degradado- espacio urbano de la periferia o del suburbio valenciano con nombre tan repleto de connotaciones como Nazaret, ¿habla por sí mismo¿. Explícito e intimista a la vez, recorre con equivalentes dosis de rigor y emoción, un pedazo de territorio y un organigrama funcional. El análisis morfológico y la aproximación social que se produce sobre el lugar es más que la tópica atención al medio que inevitablemente se reclama en cualquier tratado o lección de arquitectura; hay algo más: hay una relectura biográfica, una ¿digestión¿ arquitectónica de todo lo que el vecino, el visitante, el forastero, el ¿urbanita¿ en general, se ¿va comiendo¿ en un sencillo paseo por este Barrio que ha sostenido las más duras consecuencias de un progreso industrial y económico que requirió la ampliación sur del Puerto de Valencia y la desaparición de su ¿playa urbana¿. El Proyecto Final de Carrera de Sergio Bruns ha sabido encontrar claves muy disciplinares para poner en valor este trozo de Valencia sin abandonarse a la nostalgia poco fecunda de que ¿cualquier tiempo pasado fue mejor¿. Los rasgos formales y materiales con los que se construyen los espacios específicos que el ¿edificio¿ encierra se me antojan deudores de un universo culto que tiene en el expresionismo alemán sus más ignotos antecedentes (en un amplio repaso desde Hans Poelzig a Erich Mendelsohn, sin olvidar episodios relevantes como los que Jozef Plecnick representa) y en la reinterpretada arquitectura troglodita de su tutor académico influencias más o menos pretendidas o consentidas. Sea como fuere fui testigo de una evolución sostenida por la reflexión y la autocrítica, una suerte de emancipación del discurso proyectual con respecto a su autor, seguramente derivado de la potencia con la que sus primeros bocetos acertaron a manifestarse. Y hay asuntos sobre los que sí deseo llamar la atención del lector, sobre todo del estudiante lector, del alumno lector de este Taller de la Escuela de Valencia que tiene entre sus principales activos a los que se supone destinatarios pasivos de su docencia. El manejo de la luz como materia maleable: un manejo que exige ¿como se cumple en esta ocasión- más habilidad y eficiencia que la falsa poética en la que a menudo se escudan sus teóricos más vulgares. En este proyecto la luz se reparte con espátula y se adhiere o resbala sobre los muros, se cuela por los intersticios o se refleja sobre superficies aparentemente no especulares, cae en cascada cuando conviene y se afila (como un hilo) cuando te invita a seguir itinerarios misteriosos aunque, siempre, de final feliz. Y las ¿pesas y medidas¿ que, en la nonata teoría arquitectónica del viejo maestro valenciano Juan José Estellés, se refieren a funcionamiento y estándares dimensionales, están en este proyecto cuidadosamente tasadas, equilibradas y distribuidas. Así que ese ¿sensoracionalismo¿ que al autor tanto interesa, está efectivamente, en las claves de excelencia del proyecto que con tanta satisfacción estoy, brevemente, celebrando. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Centro de Documentación Arquitectónica en Nazaret. PFC 2006
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) García Aldave, Santiago Roberto
    ESTRATEGIAS TERRITORIALES. El Proyecto de Fin de Carrera de Yago, como familiarmente llamamos a su autor, es una reflexión territorial sorprendentemente madura para ubicarse en el campo disciplinar al que corresponde. Obviamente indica una formación y unos conocimientos que trascienden la enseñanza habitual en nuestras escuelas y que es el fruto de un aprendizaje personal, mantenido en paralelo al que se obtiene en las aulas, que ha caracterizado habitualmente a los estudiantes de arquitectura. Y si quiero prestarle especial atención con motivo de la publicación de este Proyecto, entre los de excelencia del Taller H del que soy responsable desde su implantación, es porque dicha práctica exógena ha dejado de ser tan frecuente entre un alumnado que tiende a conformarse con una docencia convencional, en ocasiones burocratizada en exceso, y aplicarse a la búsqueda de caminos críticos de menor dificultad, sin apreciar grados de rigor o de eficiencia que necesitan más que una complicidad del estudiante. Hemos defendido asiduamente la necesidad de que un cierto nivel de investigación forme parte principal del proyecto de arquitectura con el que se finaliza la carrera y esto es, tal vez, lo relevante del proyecto que se presenta. Concebido como una indagación territorial que va más lejos de considerar la necesidad finalista de construir un Centro de Documentación de Arquitectura Contemporánea (y convirtiendo el propio trabajo en documento a incluir en la virtualidad de lo proyectado), expresado exhaustivamente combinando la información con los objetivos que de ella derivan, el resultado tiene carácter de estrategia territorial. Y establece un discurso de articulaciones y límites, de continuidad e inflexiones, de unidad y reconocimiento de lo particular, que lo hace especialmente apreciable. A la profundidad del análisis no parece ajena la posterior radicalidad en la elección de las formas, ni una más que efectiva relectura del programa de necesidades y la organización funcional que con aquél se compadece. De manera que el resultado recorre con habilidad arquitectónica las diferentes escalas de intervención que el enunciado propone. Es un acierto entender el área metropolitana y comprender las carencias en su seno que el barrio de Nazaret, y su especial relación con el Puerto de Valencia, puede ofertar en una doble operación en la que se rehabilita en sí mismo al tiempo que mejora el conjunto. La valoración de sectores, vialidad, redes de transporte, equipamientos e infraestructuras, conlleva en la práctica un esqueleto estructural al que la arquitectura elegida dará forma finalmente. Se asume el paisaje industrial del Puerto ¿y más específicamente el soberbio perfil de las grandes grúas que vienen a sustituir en la actualidad a los automóviles, a los paquebotes y los aeroplanos del imaginario inspirador de la arquitectura del Movimiento Moderno- y se eleva a categoría estética con su reinterpretación edilicia. No se descuidan los aspectos espaciales, ni el tratamiento de la luz natural o la elección de acabados que refieran, o incluso complementen, la función primordial a la que el edificio se destina. Hay una coartada organicista que subyace muy oculta en el hilo argumental de este proyecto que se me antoja muy ligada a su génesis y a su proceso; probablemente inclusa en el propio carácter estratégico que representa, me permite colegir su importancia en el campo de una arquitectura que pretende elevarse por encima de la construcción y la resolución funcional hasta hacer de ambas cosas un relato espacial emocionante. Y hay también una minuciosidad en cada apartado, que es pariente del rigor y de la eficiencia que persigue ¿hoy más que nunca- una disciplina que no por mantenerse en el campo de las Bellas Artes, puede eludir su compromiso con la producción y el progreso; y, por banal que resulte la consabida repetición, con el desarrollo sostenible. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Centro de Acuicultura en Almassora. PFC 2006
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Aparici Galdón, Maria Dolors
    IMPACTO POSITIVO El proyecto de Dolors Aparici, o más exactamente, la convocatoria en la que mediante Convenio con el Ayuntamiento de Almassora se propuso trabajar en un Centro de Acuicultura en su término municipal, inaugura una fase en la que el Taller H ha querido comprometer con el territorio sus trabajos de Fin de Carrera. No podía ser de otra manera porque el lugar confiere el primer determinante a un proyecto de arquitectura. En consecuencia se propuso a los estudiantes ensayar soluciones muy ligadas al territorio y al río Mijares, cuyo lecho merece la caracterización de espacio protegido que le adjudicó en su día la Generalitat Valenciana. Estamos habituados a exigir estudios de impacto ambiental cuando se interviene en espacios, ya sean urbanos, rurales o paisajísticos, de especial delicadeza. Pero también es habitual que la valoración se haga desde presupuestos de minimización del impacto visual o ambiental, con un razonable temor a romper equilibrios existentes, a modificar en exceso escenarios ambientales frágiles, a romper armonías fabricadas en el transcurso de la historia. Sin embargo, pocas veces aspiramos a establecer un ¿impacto positivo¿, a aumentar el equilibrio mediante la incorporación de piezas nuevas capaces de sumar calidad al conjunto mientras se configuran en sí mismas como elementos de valor estético, a modificar mejorando, a añadir al discurso histórico el episodio que corresponde por su actualidad y que completa provisionalmente una lectura siempre inacabada. Por ello esa estrategia transversal en la que este proyecto se aplica, apostando por una colonización que va desde la ermita y el azud hasta la desembocadura es, ya de entrada, su principal acierto. Y la racional organización, tanto en la disposición y el dimensionamiento de los diferentes espacios, como en la formalización externa e interna de los volúmenes que los acogen, en su conclusión más apreciable. Porque el edificio que ha dibujado su autora es mucho más que un contenedor funcional preciso y un estuche elegante que se inserta amablemente en el paisaje próximo al río. Es un sistema de relaciones dentro-fuera que confunde, también en positivo, interior y exterior entendiéndolo como unidad indisoluble. Hay orden y geometrías rigurosas, hay modulación y proporciones casi mágicas y hay una lógica doméstica, un sentido común, una cierta austeridad de trazos y gestos, que hacen del conjunto una experiencia reconocible para el usuario y para el visitante, como si de un recuerdo de su propia trayectoria vital se tratara. Su eficacia funcional y la necesidad de atender a requerimientos muy estrictos en materia de producción no han perjudicado en ningún momento el objetivo de llegar a formar parte imprescindible de un nuevo paisaje del frente fluvial enriquecido. Se confía a un armazón de planos horizontales y verticales la capacidad de establecer zonificaciones, recorridos y visuales que materializan con éxito ese sistema de relaciones entre espacios climatizados y exteriores al que me he referido con anterioridad y que garantiza la bondad de la operación arquitectónica. Los elementos emergentes ponen el contrapunto adecuado a la ligera ondulación del cerramiento de la plataforma de base, erigiéndose como los faros o torres de vigía que jalonan las tierras del mediterráneo. De manera que ese impacto positivo que a menudo reivindico ante mis estudiantes, tiene en este proyecto un ejemplo muy ilustrativo. Un ejemplo de cómo la técnica al servicio de la sensibilidad en la construcción de espacios útiles para el hombre sigue siendo la mejor definición de esa arquitectura que amamos tanto. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Centro de Documentación Arquitectónica en La Punta. PFC 2006
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Rodríguez, Jesús María
    La arquitectura de este centro de documentación va más allá de su realidad cercana. Escapa a la materialidad que lo ha hecho complejo y lleno de vida. Se acerca a los dibujos de Escher y a los grabados de Piranesi pero esta vez la perspectiva es real. La continuidad espacial se abre al paisaje y dialoga con él. La arquitectura de forjados y pilares que se desmaterializan para dejar paso al diálogo, a la palabra hecha imagen a una fachada capaz de transformarse de modificar su aspecto y por lo tanto el del edificio y de cambiar. ¡Qué importante es hoy cambiar y ser capaz de responder a necesidades en constante evolución! ¡Y cuanto más lo es comunicar, informar, transmitir ideas! Un espacio mediatizado como verdadero comunicados de la arquitectura. El centro de documentación arquitectónica es un juego de experiencias entre la ciudad y la huerta. Entre lo público y lo privado. Lo real y lo virtual. Su arquitectura propone unos conceptos de espacio y una construcción que todas las imágenes, planos y palabras no podrán sustituir. La experiencia de recorrer esas exposiciones, perdernos en su mediateca, tomar un café con unos amigos o ver la ciudad desde las alturas. La experiencia del espacio, de la realidad construida. La arquitectura como experiencia espacial de la tecnología y la información.
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    Reordenación urbana y nuevo foro para el Cabanyal. PFC 2008
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Requena Crespo, Francisco Vicente
    SISTEMAS La propuesta de proyecto para un Centro de Relaciones Internacionales de la UPV en las cercanías del Campus de Vera pretendía que sus autores resolvieran algo más que un edifico dotado con los espacios capaces de albergar funciones específicas de enseñanza y residencia. Invitaba al estudiante a indagar sobre una estrategia territorial y, también, sobre una manera de construir ciudad a partir de las necesidades politécnicas vinculadas a su vocación internacional, imbricándose en el tejido urbano residencial no especializado. Y resultaba una buena ocasión, además, para comprometerse en la revitalización urbana de esa zona de los poblados marítimos cuyo grado de degradación es objetivable y que tanta polémica ha suscitado con motivo del famoso plan de prolongación del Paseo de Valencia al Mar. El trabajo de Fran Requena al respecto es aún más que todo eso, es un principio de investigación rigurosa que maneja con idénticas dosis de creatividad y razón la escala urbana y el detalle, el espacio público y el privado, el equipamiento y la función doméstica. Se ha diseñado para ello una urdimbre conceptual muy potente -la que nos permite hablar de sistema- que se materializa en una malla de cierta densidad en la que espacio libre y edificación se muestran como complementarios imprescindibles ¿lo que me invita a utilizar el plural, sistemas- y casi intercambiables si a confortabilidad ambiental nos referimos. Claro está que ello responde a una reflexión muy madura, muy culta y muy intensa a la que su joven autor lleva ya un cierto tiempo entregado (y esto he tenido oportunidad de constatarlo ampliamente durante los dos cursos en los que se ha desempeñado como becario de segundo ciclo en la cátedra universidad empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Hábitat, de la que soy responsable). De tal reflexión da buena cuenta el excepcional documento que, como memoria, acompaña a una prolija relación de dibujos ¿desde los de implementación del conjunto hasta los de detalles del material y el mecanismo constructivo- primorosamente recogidos en buen número de paneles de densidad poco frecuente. Por esta vez evito intencionadamente referencias específicas al contenido del proyecto, mientras me comprometo en el reconocimiento de su calidad, ya que los textos que me acompañan (incluidos los de su autor) hacen una exhaustiva justificación de lo proyectado; desde las trazas generales hasta la tipología de pequeñas viviendas, desde los criterios compositivos, hasta las definiciones formales, todo queda atado por un discurso muy preciso que recorre ¿tal vez sin saberlo- caminos que van desde Lods y Prouvé hasta Koolhaas y Zaera. Hay una sensatez en la elección de los materiales y las técnicas constructivas que parte ¿como debe ser- de aquello que se conoce sin eludir un adecuado nivel de riesgo en el ensayo de soluciones más atrevidas; ello nos permite saber el nivel obtenido en la enseñanza universitaria al tiempo que nos da pistas de la capacidad de indagación del estudiante en su etapa final de aprendizaje. El interés de las soluciones finales, su valor formal y, en suma, arquitectónico aparenta, sin embargo, una naturalidad que parece desprenderse del auténtico objetivo del proyecto: una sistematización por la que se está trabajando a la vez en lo urbano y en lo edilicio, en lo grande y en lo chico, en lo poético y en lo técnico, al servicio siempre de sus habitantes. Así que si el concepto de sistema es el argumentarlo que ofrezco al lector y, sobre todo, al estudioso que se enfrente a la comprensión de las páginas que siguen, la excelencia es el término que considero más ajustado para la calificación de su contenido. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos. Profesor de PFC y Responsable del Taller H.
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    Bodega de crianza y Residencia-Taller en Moixent. PFC 2008
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2011) González-Jiménez, Eva; Departamento de Proyectos Arquitectónicos; Escuela Técnica Superior de Arquitectura
    SANA HERIDA El proyecto final de carrera de Eva González tiene algo de esa ancestral manera con la que el agricultor ¿hiere¿ la tierra para sanarla o el estilete reaviva el tejido necrosado; como lo hace el arado para abrir surcos en los que fructifica la semilla y como lo hacían las antiguas curanderas astures consagradas a la Madre Tierra. Es un proyecto excelente. Hay, en primer lugar, una lectura biográfica del lugar, una relectura, una reinterpretación, una digestión casi, cuyo producto final convenientemente destilado reaparece en el resultado proyectual con una naturalidad que lo aproxima a la optimización de recursos con la que me gusta redefinir el concepto de sostenibilidad apropiado por la disciplina arquitectónica. La idea de itinerario o, mejor, de recorrido acaece un hilo conductor del que no se alejan ¿desde los primeros bocetos- las soluciones formales o las constructivas, confiriendo al trabajo esa cualidad de unidad que siempre conviene al hecho arquitectónico. Y no se trata ya de comprobar la fina sensibilidad de su autora para incluirse en el paisaje sin necesidad de hablar del famoso ¿impacto ambiental¿ porque este proyecto ¿construye¿ el paisaje y complementa su estado anterior hasta completarlo añadiendo un ingrediente productivo que acaba por perfeccionarlo. Es singular que para ello Eva González haya optado por interpretar ¿a la contra¿ la topografía y encontrarse transversalmente con las curvas de nivel, alejándose del aterrazamiento abancalado propio de la preparación para el cultivo, y más estático, descubriendo una manera heredada del camino, más dinámico. Y hay una cadencia, un ritmo, que se plasma en cada estancia según su uso y su significado dentro del programa funcional y se materializa de acuerdo con su localización relativa y su dimensionamiento específico. Son acertadas las decisiones en la elección de los materiales y sistemas constructivos adoptados, ilustrando con sencillez la permanente ambición arquitectónica de ligar lo natural con lo artificial, lo artesanal con lo tecnológico, el marco con el nuevo contenido, lo preexistente con lo proyectado, lo viejo con lo nuevo en suma. Hay ese compromiso noble siempre presente en el entusiasmo del neófito, pero hay también una rara madurez propia de la militancia antigua, que se expresa con serenidad y contundencia acercando los extremos de ilusión y realismo que suelen caracterizar las mejores muestras de la arquitectura construida. Y hay un misterio preciso ¿si es que es posible tan enigmática mixtura- que en el muro, ese muro que es lenguaje confesado por la autora, cobra carta de naturaleza, dimensión y función añadida. La sobriedad del espacio que encierra pertenece a la categoría de lo que quiero denominar prosa poética (permítaseme el atrevimiento). La riqueza formal, la calidad estética del conjunto dan cuenta de una sensibilidad al servicio de lo razonable, dado su confortable encuentro con el rigor constructivo. Todo esto se observa en cada uno de los documentos que componen un estudio exhaustivo, desde la analítica completa del lugar y del programa de necesidades hasta el dibujo preciso ¿y precioso- por el que se comprende lo ajustado de las soluciones y la posibilidad cierta de su ejecución. Como Presidente del Tribunal que juzgó su exposición y defensa públicas, doy fe de lo apropiado de las mismas y del dominio de la ya arquitecta de su propio discurso arquitectónico. Y quiero destacar, sin merma de mérito alguno de la autora, la labor de dirección ejercida por el profesor Campos. José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Centro de Documentación Arquitectónica de Arquitectónica en Nazaret. PFC 2007
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Broseta Bronchú, Esther
    ARQUITECTURA DE MUJER. Hay un sabor, o un calor, en cada una de las páginas, en cada uno de los dibujos que ilustran a continuación este proyecto de Esther Broseta, que reconocemos habitualmente en el resultado que tejen unas manos de mujer. Cuando se cumplen diez años de la pérdida de la arquitecta Cristina Grau1 tengo una satisfacción muy íntima al descubrir el análisis minucioso que este proyecto aborda en una zona degradada de la ciudad, como es el barrio de Nazaret, con dosis equivalentes de decisión y fantasía; al contemplar la contundencia y la belleza de un trazado regulador que parte del reconocimiento de lo existente y se confiere a la vez en plantilla o matriz de lo que se propone. Esa planta accidentada en su contorno, esa traza, que contiene un conjunto de piezas ordenadas con la pericia del bricoler y la afición del coleccionista, tiene también algo de bolsa generadora de vida, y los espacios no ocupados, intersticios de formas más ambiguas y premeditadamente diversas, me parecen más una suerte de líquido elemento, de fluido denso e inteligente, que traslada al usuario y al espectador en un recorrido placentero ¿que viene de placer y que puede venir de placenta- en sí mismo, en la búsqueda de la especialidad funcional. Se coloniza el espacio externo como lo hacen los seres vivos al ¿marcar¿ territorios propios, y las arañas de Louise Bourgeois que habitan las infografías de la autora también tejen, como ella misma, una estructura liviana y suficiente para dejar atrapado en la red el espíritu más sensible. Creo entender un objetivo primordial que no es otro que la dignificación del habitante -como siempre conviene a la buena arquitectura- que se trasluce en la complejidad moderada de las secciones, en las apuestas estructurales y constructivas, en la elección y disposición de los acabados, que se van comprendiendo con la costumbre hasta reconocerlos con naturalidad en una lectura poliédrica que acompaña el tiempo de su utilización. Las piezas cristalizadas que emergen de los planos generales de cubierta, lo hacen como rocas un tanto etéreas, como cúpulas fractalizadas para ser oteadas desde la lejanía mientras cuelan en una edificación aparentemente fortificada pedacitos de cielo que la hacen estallar y ser libre. Y un vocabulario tan críptico como mágico va grafiando superficies, techos y paredes, suelos por reflexión o por sombras, con la gracia espontánea del dibujo infantil y la sofisticada eficacia del pictograma. No me extraña la atención que la arquitecta presta a conceptos como filtro, luz o agujero; tres versiones en su proyecto de una misma idea generadora de ambientes cálidos y amables que unen a una lógica organizativa y dimensional episodios relevantes que resultan el mejor tratamiento para una construcción dedicada al estudio y la difusión de la arquitectura contemporánea. Y son también estos tres conceptos los que matizan el espacio urbano y su definición material, tan construido como las piezas que lo configuran o lo limitan, en una calidad de unidad estratégica que preside toda la intervención y caracteriza el resultado. Un discurso completo y muy maduro, sorprendentemente maduro, que me honro en valorar como merece. 1 Cristina Grau, arquitecta valenciana de una conocida saga de arquitectos alcoyanos fue también pintora y profesora de proyectos de la Escuela de Valencia. Impulsó las primeras convenciones de mujeres arquitectas en España y pudiera haber sido la primera catedrática de proyectos arquitectónicos de la Universidad Española. Su obra construida y sus ensayos son de referencia para la arquitectura moderna en Valencia José María Lozano Velasco. Doctor Arquitecto. Catedrático de Proyectos Arquitectónicos profesor de PFC y responsable del Taller H.
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    Nueva Sede para la Universidad de Arquitectura IUAV de Venecia. PFC 2008
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2009) Cardiel Casado, Ángela
    Es al final del viaje cuando podemos juzgar con perspectiva la evolución del camino andado. Así, se traduce en una única idea la experiencia adquirida a lo largo del proceso proyectual. El modo en el que se debe abordar un proyecto, comenzará en mi opinión desde el plano más íntimo del individuo, desde la vivencia personal de cada uno, para en una segunda fase, desencadenar en la base conceptual de la propuesta. Es así como se ha afrontado el propósito, concluyendo en una idea que derivará de la experiencia concreta, en una situación específica de un momento dado. Venecia se resume en sutilezas, sensaciones, experiencias y matices que inquietan el alma y es así como converge el proyecto en una propuesta definida, conformada en síntesis por emociones.
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    Bodega de crianza y residencia taller. PFC 2008
    (Cátedra Universidad Empresa Arquitectura Sostenible Bancaja Habitat, 2011) Ruiz Taroncher, Aída
    Llegar hasta el Rebollar implica multitud de caminos serpenteantes, de ahí la importancia del recorrido dentro de la intervención. Aprender a escuchar el murmullo, el rumor del lugar, es una experiencia necesaria y previa a cualquier línea. Necesitaba conseguir un argumento proyectual que hiciera posible que fuera el propio lugar el que suministrara las pautas de la intervención. La arquitectura se ha convertido en la forma de materializar un instinto fruto de la reflexión. Este discurso, surge de la convicción de considerar la pieza resultante un mecanismo de respuesta a las múltiples preguntas que surgían al intervenir en el claro del bosque. Se trata de una romántica lectura de pasado racionalista. Existe una necesidad de transmitir sensaciones, no es un escenario adicional el de las emociones, sino una necesidad incorporada desde las primeras decisiones. Lo que ha determinado la propuesta arquitectónica ha sido la responsabilidad de situarme en un paisaje extraordinario. Proyectar algo gigantesco hubiera alterado irreversiblemente el equilibrio, por lo que decidí enterrar, como primera decisión para amortiguar el impacto. Decido enterrar la bodega porque de esta manera consigo de forma natural las condiciones óptimas para la elaboración del vino. Se trata de una bodega que incorpora criterios de sostenibilidad, y que pretende poner de manifiesto los primitivos, pero eficaces comportamientos pasivos de la arquitectura enterrada. Enterrada y en rampa, consigo un buen funcionamiento de la bodega por gravedad. La lógica de las arquitecturas excavadas necesita de una reflexión adicional que tenga en cuenta sus posibilidades y las ponga en valor. Entendemos el construir como acto humano, frente a excavar como acto animal, y asimilamos cueva a lo primitivo, a lo poco civilizado. Las cuevas son y serán siempre arquitectura en su expresión más pura, arquitectura del espacio más que de la forma, de la luz más que del efecto visual. Un condicionante principal era la flexibilidad espacial, de tal manera, que se plantea un contenedor elástico, los espacios reservados a las distintas actividades son capaces de crecer y decrecer en función de las necesidades. Son espacios en los que se desarrollan usos complementarios ( y no coincidentes en el tiempo) como pueda ser la entrada de uva y la salida de vino). Se trata de una bodega lineal y en rampa, donde la altura del forjado de cubierta permanece constante. Decreciendo la altura libre a medida que avanza la uva. Confiando en la abstracción para sugerir más allá de la apariencia misma. La decidida opción por la economía de gestos hace que sólo sean posibles aquellos realmente esenciales y sinceros. Elementos constructivos y materiales de trabajo: el espacio, la luz y el paisaje.